Poner en marcha tu agenda con una foto de tu lista de precios

Lo que más frena a un negocio para cambiar de programa no es el precio: es la tarde de configurarlo. Cómo se monta hoy un negocio entero hablando, con una foto de la carta y otra del horario.

Pregunta a cualquier dueño de un salón o una clínica por qué no ha cambiado todavía de programa de citas. Casi nunca contesta «por el precio». Contesta algo parecido a esto: «porque no tengo una tarde libre para configurarlo».

Y tiene razón. Dar de alta cuarenta servicios con su precio y su duración, el horario de cada día, el equipo y qué hace cada uno es un trabajo de horas, de los que se dejan para el domingo y el domingo nunca llega.

Lo que hay que contarle a un programa de citas

Antes de que un sistema pueda dar una sola cita, necesita saber cuatro cosas:

  1. Los servicios, con su precio y cuánto duran.
  2. El horario del negocio, con sus cierres y sus festivos.
  3. El equipo: quién trabaja y en qué horario.
  4. Quién hace qué: la estilista que no hace uñas, el doctor que solo hace implantes.

Nada de eso es difícil. Lo que cansa es teclearlo en un formulario detrás de otro. Y casi todo ya existe escrito en algún sitio: en la carta de precios del mostrador, en el horario pegado en la puerta, en la cabeza de quien lleva el negocio.

Configurarlo hablando

Por eso en ClaudIA la puesta en marcha es una conversación. ClaudIA te pregunta una cosa cada vez, con botones grandes, y tú contestas como se lo dirías a alguien en el mostrador.

  • Los servicios, con una foto. Le haces una foto a tu lista de precios —aunque sean varias hojas— y ClaudIA lee los servicios y los agrupa. Si la lista no dice cuánto dura algo, lo estima y te lo marca para que lo revises. También vale tu web o escribirlos tal cual.
  • El horario, con otra. Una foto del horario de la puerta, un toque si es uno de los habituales, o escrito como lo dirías.
  • El equipo, por sus nombres. Te pregunta quién trabaja contigo, qué hace cada uno y si alguien tiene un horario distinto.

Mientras habláis, a un lado ves cómo va quedando el negocio. Y si te interrumpen —que te van a interrumpir—, lo dejas a medias y al volver sigue por donde lo dejaste.

Probarla antes de que hable con nadie

Montado el negocio, lo sensato es probarlo antes de conectarlo al WhatsApp de verdad. Desde el panel le escribes como si fueras alguien que quiere reservar y ves cómo contesta, con tus servicios, tu horario y tu agenda reales. Es solo una prueba: no reserva, no mueve nada y no avisa a nadie, y si en una conversación de verdad hubiera reservado, te lo dice debajo del mensaje.

Es el mejor momento para afinar: el nombre que le das a cada técnica, tu política de cancelación, esa pregunta que te hacen cada semana.

Y si te atascas

Cualquier duda del panel se pregunta por WhatsApp, a cualquier hora, también con una nota de voz o una captura de lo que estás viendo. Contesta el asistente de soporte, que mira cómo tienes configurado el negocio y te dice qué falta y dónde se arregla; y si prefieres a una persona, te atiende el equipo.

Tus clientes, por su parte, se traen en unos minutos desde el programa que usas o desde la agenda del teléfono, como contamos en cómo llevarte tus clientes de un programa a otro. Y lo que pasa en el primer mes lo tienes en cómo encaja ClaudIA en tu negocio.

La tarde libre para configurar un programa no va a llegar. Por eso es mejor que configurarlo no necesite una tarde.

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